MIS ENCUENTROS CON EL CAMINO DE SANTIAGO

(Carta a un compañero que me pidió opinión sobre una serie de historias escritas por él sobre el Camino de Santiago)

Hace unos días tuviste la deferencia de dejarme compartir - y tu sabrás cuales son los méritos que yo tenía para ello- ese cerca de centenar de folios en el que recoges un extenso anecdotario de vivencias acumuladas en tu amplio peregrinaje a lo largo del Camino Jacobeo.

Tal como tu mismo explicas y reconoces, tu amor por el
Camino son como una vocación tardía a la que has llegado después del Año Santo de 1993, año en el que -deduzco- tuviste tu primera experiencia como peregrino a Santiago de Compostela.

He leído con especial atención todas y cada una de las pequeñas historias -en las que, a mi juicio, vas dejando constancia fehaciente de tu sincera "conversión" al espíritu del peregrino de Santiago- descubriendo cantidad de novedades respecto a lo que mi memoria guarda de las experiencias que yo tengo vividas en ese mismo peregrinaje.

Albergues, puntos de información, señalizaciones, hospitaleros, andadores, carreteras... Todo son realidades que no encajan del todo en mi memoria. No digo que no sean realidades actuales o históricas, digo que cuando yo me acerqué al
Camino eran, cuanto menos, escasas, malas o, simplemente inexistentes.

No descubro nada al decir que la promoción del
Camino ha sufrido un enorme avance, precisamente a partir de ese año Santo de 1993, en el que se produce tu principal encuentro con la realidad de la peregrinación a Santiago.

Al final de tus relatos, haces una invitación -a quien los lea- para que, igualmente, venga a realizar su propio anecdotario. Podría hacer uso de tu invitación y contar mi experiencia peregrina, pero voy a aprovechar más esa invitación para hablarte de mis encuentros con el
Camino a lo largo de mi vida particular y profesional; te reconozco de antemano que los méritos que tu tienes para que te haga estas confesiones son sobre todo las muchas ganas que tenía yo de que alguien me diera pie para contarlas y ¡qué caramba!, algo tendrá que ver el aprecio que -y espero sea mutuo- te tengo desde hace ya mucho tiempo.

Yo me encontré por primera vez con el
Camino de Santiago -supongo que igual que tu- en los textos de Historia del Bachillerato allá por los últimos años sesenta. En ellos aprendí a conocer su marcado carácter religioso y su impresionante poder como medio de expansión cultural.

Terminado el Bachiller, pase a realizar los estudios de Turismo y en ellos me encontré de nuevo con el
Camino -en diferentes enfoques- dentro de los textos de varias de sus asignaturas: Historia de la Cultura Universal, Geografía de España y una -más concreta- denominada Itinerarios Turísticos.

Al tiempo que aprendía algo en esos textos, mi contacto con el mundo asociativo juvenil de la época me llevó a conocer la existencia de la Marcha-Peregrinación por el
Camino de Santiago, realizada por los afiliados de la Organización Juvenil Española en la conmemoración del Año Santo Compostelano de 1965.

Lo supe cuando, en 1971, la misma Organización Juvenil programaba para ese verano la II Marcha-Peregrinación y yo releía todo lo que caía en mis manos -sobre la citada actividad- con el ánimo de tomar parte en la misma.

La Guía-Itinerario de la citada Marcha era una reedición de la editada, por primera vez, en 1965 y comenzaba de esta manera:

A ti, Amigo
que vas andando
como otros fueron hace siglos
para templar el espíritu
y dar testimonio de que "podemos"
como ejemplarizó Santiago.

"Ultreia", Adelante.

Que tu vida joven,
camino a estrenar cada día,
aprenda a construir,
por el esfuerzo de tu huella
el final que es principio...

Eran los versos con los que Fernando Soto Campos -Oficial Instructor de Juventudes y autor material de la guía-, alentaba a los supuestos peregrinos.

Después había una extensa reflexión: ¿Sabes lo que vas a hacer? Y así, supe del Obispo Gondescalço y un puñado de franceses como los primeros peregrinos -desde Francia- allá por el 950 haciendo del Camino ruta y encuentro para el ir y venir de gentes diversas.

Supe del Camino como primer ensayo de ecumenicidad: los mismos rezos, las mismas canciones de ultreia, el peregrinaje bajo la misma "Vía láctea", la misma fe que convocaba a los caminantes a Santiago.

Supe del apogeo del "Camino francés" allá por los siglos XI y XII. Supe de capillas, puentes, monasterios, abadías, hospitales y posadas y la gran ruta del románico como evidencia de unidad europea. Supe de Cluny y del estimulo y servicio del Camino secundado por nobles, señores y Reyes de España.

Supe de la primera Guía -en la Crónica del siglo XII- de Aymeric Picaud y de las sucesivas de Caumont, Rosmithal, Piccardí, Münzer, Arnold von Harff, Laffi, Manier y muchas otras hasta llegar a la que tenía en mis manos.

Supe de los muchos personajes que habían peregrinado por aquella misma ruta: Carlomagno, Luis de Francia, Alfonso IX, San Francisco de Asís, y de miles y miles de humildes peregrinos- como los 166 afiliados de la OJE que lo habían sido desde Roncesvalles en el verano del 65- sin otro empuje que su fe, su nudoso bordón, su parda calabaza, su sayal de estameña y su exiguo morral más lleno de penas que de mendrugos.

Y supe de datos geográficos, cronográficos, artísticos e históricos que te permitían saber todos los aspectos de cada una de las etapas: en total -desde Somport/Roncesvalles hasta Santiago- un total de 39, perfectamente documentadas.

Puedo asegurarte que fue el mejor texto que había caído en mis manos -hasta ese momento- para el profundo conocimiento del Camino de Santiago, y del que tomé buena nota para el aprovechamiento de alguna de las asignaturas de segundo curso de Turismo.

Como en el verano anterior me había titulado especialista en actividades de Aire Libre, mi propia Organización me convocó para participar, como tal, en dos actividades diferentes: un Campamento provincial a desarrollar en Laredo -con chicos de 10 a 14 años- y el II Campamento Nacional Mixto -convocado conjuntamente por la Delegación Nacional de la Juventud y la de la Sección Femenina en un ensayo de apertura, entonces, a las actividades conjuntas entre jóvenes de ambos sexos, de 15 a 18 años- y a celebrar en Los Palancares, en la provincia de Cuenca.

No pude negarme a ninguna de las dos propuestas y debí aparcar, por esta vez -debido a la coincidencia de las fechas- mi participación en la Marcha-Peregrinación.

Sin embargo, la casualidad y la suerte, iban a depararme la posibilidad de estar aquel año Santo en Santiago de Compostela.

Ese año la Organización Juvenil Española concentró parte de su campaña nacional de actividades de verano en torno a Galicia: el Final de la Marcha-Peregrinación, la fase final de la Competición Nacional de Actividades, los Cursos nacionales de actividades náuticas, un Encuentro de Grupos de Aire Libre y la concentración de diversas marchas provinciales que confluían en Santiago, tras la realización de diversas rutas del Camino.

Todo esta confluencia de actividad fue lo que seguramente llevó a la Delegación Nacional de la Juventud a proponer que el programado Intercambio con Egipto -que tendría lugar en esas mismas fechas- tuviese a la Organización Juvenil Española como anfitriona y que Galicia fuera parte del programa de ese Intercambio.

Hasta aquí, la casualidad; la suerte fue que el Jefe del Servicio Nacional de Actividades de la OJE -supongo que en conocimiento de mis estudios de Turismo y mi condición de dirigente juvenil- me propuso como Director del Intercambio y así me vi embarcado en un microbus de lujo con varios representantes de asociaciones juveniles egipcias y con dos representantes de lo que allí debían parecerse a -lo que aquí eran- las Delegaciones Nacionales de la Juventud y de la Sección Femenina, dispuesto a recorrer el Camino
Jacobeo desde León a Santiago, la ruta de las Rías Altas, la ruta de las Rías Bajas y máss tarde -ya fuera de esto que estamos hablando- Madrid, Toledo y Granada.

Fue un viaje magnifico. En dos ocasiones -en León y en Madrid, más tarde- me entregaron un sobre con dinero y me recalcaron que ¡lo que hiciera falta!: comida, alojamientos, regalos, todo a "papo de rey", esa era la consigna. Yo recuerdo que, acostumbrado a mucho menos en mis vivencias juveniles, ejercí en más de un momento de tacaño pues me parecía un exceso que ellos no pusieran ni una peseta.

Nos entendíamos en francés y en inglés - ellos dominaban los dos idiomas y además el árabe; yo andaba algo suelto en francés, chapurreaba mejor que hoy el inglés y "ni papa" del árabe- y con el tiempo terminaron aprendiendo alguna canción en castellano, terminamos contando en árabe y castellano y terminé cantando el principio del himno de la pretendida "República Árabe Unida", en la que creían ellos y su ídolo, entonces, Annuar el Sadat.

A todo esto, entre curva y curva de la Nacional VI, por donde discurría el Camino de Santiago, íbamos cruzándonos con algún que otro peregrino y a mi se me venían a la memoria los dichosos perfiles de cada una de las etapas -los de la guía de Fernando Soto- y no dejaba de pensar: ¡de lo que me he librado!

La carretera era tan tortuosa que, al paso de algunas localidades, era menester hacerse a un lado para dejar pasar a los camiones pues ellos y nosotros no cabíamos en el ancho de la calzada. Así nos pasó varias veces, desde Ponferrada hasta Piedrafita -recuerdo especialmente Ambasmestas o Vega de Valcarce o entre Becerrea y Portomarín -principalmente en Vilouta o Pacios- por poner algún ejemplo. Igual nos sucedía cuando adelantábamos a algún grupo de peregrinos: ellos, nosotros y el vehículo de enfrente, no cabíamos materialmente en la carretera. Así eran, entonces, la Nacional VI, la comarcal de Becerrea a Nespereira y la Nacional 640; la distancia, decían que se media en curvas, no en kilómetros. Nada que ver con lo de hoy.

Primero visitamos León, luego Astorga y de allí seguimos por la Nacional VI hasta Becerrea donde la abandonamos para pasar por Portomarín, Palas de Rey y Melide -entre otros hitos del Camino- antes de llegar a Santiago de Compostela, donde nos alojamos en un hotel de la localidad.

Al día siguiente hicimos las Rías Altas: La Coruña, Oleiros, Sada, Betanzos, Pontedeume, Mugardos, Ferrol, Cedeira, Ortigueira, Porto de Bares, Viveiro, Cangas, Foz y Ribadeo. Visitamos en Sada la sede de los cursos de actividades náuticas de la OJE y coincidimos en Viveiro con una de las marchas provinciales -que venia realizando el Camino del Norte- programadas con destino a Santiago. La comida la hicimos en un restaurante de Ortigueira.

Entonces fue cuando llegamos a la conclusión de que las carreteras del día anterior eran autopistas comparadas con las que iban uniendo los distintos pueblos anclados a orilla de las Rías; aunque he de reconocer que ellos quedaron mas impresionados por lo sinuoso de las curvas que por la calidad o la anchura de los asfaltos.

Aquel día dormimos en un Hotel de Lugo y al siguiente nos acercamos a Santiago al lugar donde se preparaba la zona de acampada de la Competición Nacional de Actividades. Acompañados por un afiliado de la OJE local visitamos la ciudad y lo más destacado de su monumentalidad.

Al día siguiente hicimos las Rías Bajas: Padrón, Villagarcia de Arosa, Cambados, O Grove, San Xenxo, Pontevedra, Cangas, Redondela, Vigo y Bayona. Cumpliendo con el programa oficial del intercambio visitamos un albergue/campamento en Villanueva de Arosa y otro Albergue en Vigo y coincidimos con otra de las marchas provinciales, en Caldas de Rei -que decían hacer el Camino
Portugués- cuando ya regresábamos al alojamiento de Santiago.

Profesionalmente, o mejor dicho semi-profesionalmente, el primer encuentro con el Camino lo tuve en tercero de Turismo en el trascurso de unas prácticas. No recuerdo exactamente que Congreso fue -creo que era uno de medicina- pero sé que se celebraba en el Hostal de San Marcos de León y que fuimos convocados como Guías, varios alumnos de la Escuela. Se trataba de conducir a los acompañantes de los congresistas en una visita guiada a diversos hitos turísticos de la capital y la provincia durante dos jornadas consecutivas.

San Miguel de Escalada, La "Pulcra Leonina", San Isidoro, La Virgen del
Camino, Hospital de Orbigo, Astorga y las Médulas, quiero recordar que fueron mis primeros pinitos como guía turístico.

Apenas hube terminado mi carrera de turismo y cumplido el servicio militar tuve la suerte de ser propuesto para un trabajo en la Delegación Provincial de la Juventud de Logroño. Apenas me lo pensé y decidí aparcar mi titulo profesional -recién adquirido- para abrazar mi vocación de dirigente juvenil, que se me ofrecía como una posible salida profesional.

En esto llegue a Logroño y en esto llegó el año 1976 en el que nuevamente la Organización Juvenil trataba de conmemorar el Año Santo Compostelano con una nueva edición de la Marcha-Peregrinación Nacional y una serie de marchas provinciales que confluirían en Santiago, el mismo día en que lo hiciera la Marcha Nacional.

Yo hubiera deseado fervientemente haber colaborado en lo que fuese con esa Marcha Nacional; hubiera ido de cualquier cosa: de administrador, de secretario, de dirigente o encargado del montaje; salvo de médico o de capellán, estaba preparado para hacerlo de cualquier forma -por supuesto de peregrino normal y corriente- primero porque tenía ganas de hacer la peregrinación aquella pero, también, porque ese año tenía la novedad de recuperar un viejo itinerario.

Nuevamente otra guía redactada, esta vez, por un loco conocido -más sordo que una tapia- amante de las actividades de aire libre -como yo- y, sobre todo, amante de la arqueología -hoy profesor universitario y colaborador de la ONCE- me volvió a reencontrar con el Camino al poder contemplar entre sus páginas una extensa recopilación de datos sobre el itinerario de la "Vía Augusta" que iba a seguirse en la Marcha Nacional, iniciándose en Zaragoza con destino a Santiago de Compostela.

Comenzaba el texto con la misma invitación poética de Fernando Soto -en sus guías del "65" y del "71"- y luego se adentraba en sus propias consideraciones de las que nuevamente aprendí un montón de cosas.

Así conocí que esta gran vía romana iba de "Tarraco" , por "Illerda" a "Caesaraugusta". Desde allí, hacia "Balsio" y, pasando por la Sierra de la Demanda, continuaba por "Virobesca" y "Segisamo" a "Asturica Augusta" y "Braccara", habiendo una variante en Astúrica que pasando por "Lucus Augusti" llegaba hasta "Brigantium". Se trataba de una vía militar de la que ya se conocía, en tiempos de Sertorio, un camino que llegaba a "Vareia". Debiendo de ser Augusto quien se encargó, desde aquí, de la citada construcción.

Descubrí en los textos de mi amigo -Pepe Storch de Gracia- que era un hecho que los peregrinos, en la Edad Media, utilizaron caminos ya existentes -en su mayor parte vías romanas- y que la Vía Augusta se utilizó en el siglo IX desde Biriviesca, a pesar de la cercanía de los sarracenos, y desde Logroño un siglo mas tarde; hasta que Sancho de Navarra y Sancho de Castilla, adentrados en el siglo XI, ayudaron a abrir el Camino Francés, que siguió utilizando, en gran parte, la citada vía romana. Tras la conquista de Zaragoza, en el siglo XII, los peregrinos podían utilizar, desde Cataluña, la Vía Augusta y ello sirvió para enriquecer la afluencia de los que se dirigían a Santiago.

Te describiré lo que en la guía dice sobre esta calzada romana en La Rioja, porque sé que te gustará: Esta calzada romana entra en La Rioja por Alfaro, llegando de la etapa "Tudele-Graccurris", que se cita en el itinerario de Antonino Pío. En este mismo Itinerario se citan las etapas "Graccurris-Calagurre" y "Calagurre-Vareia", que pasa por Alcanadre y "Angutiana" hasta llegar al embarcadero de "Lucronium".

Luego, de Vareia a Nájera por "Lucronium" y "Tritium". Después hasta Herramelluri, por Hormilla y Torrecilla -hoy San Torcuato- y, por fin, hasta "Segisamunculum" -cerca de Cerezo de Río Tirón- llave de paso para los Montes de Oca y frontera entre los Berones y Autrigones.

En total, de Zaragoza a Santiago: 39 etapas -casualmente el mismo numero que las dictadas en las que desarrollan el Camino Francés desde los pirineos-. Cada etapa con su itinerario -kilometro a kilometro-, con su referente a la vía romana y con la toponimia de cada una de las poblaciones que se cruzan. ¡Una gozada de guía!

Como te digo, fue una nueva lección y un nuevo encuentro con otra variante del Camino.

Pero, nuevamente, aquello no iba a ser para mí. Siguiendo lo planificado en aquel verano por la Organización Juvenil Española, nos juntamos las provincias de Vizcaya, Burgos y Logroño para formalizar una marcha-peregrinación conjunta que recorrería las etapas del Camino Francés de La Rioja y las del de Galicia, desde la localidad de Sarria -donde teníamos pensado pasar unos días haciendo unas jornadas de convivencia- para terminar en la gran concentración que se realizaría en Santiago a la llegada de la Marcha Nacional.

Me correspondió la Jefatura de esa actividad y, por eso, hube de renunciar, otra vez, a mi participación en la Nacional.

Fuimos 84 peregrinos los que, conformando el grueso de la Marcha de las tres provincias, hicimos un total de 186 kilómetros a pie entre las cuatro etapas de Logroño a Belorado y las cinco que hay de Sarria a Santiago. De Belorado a León, fuimos en autocar e hicimos parada en Burgos y día de descanso en León. De León a Sarria, volvimos a viajar en autocar y en este mismo medio volvimos desde Santiago. Allí, el día 28 de Agosto, participamos en las actividades conjuntas que la Organización Juvenil Española había preparado como el III Encuentro Nacional.

Santiago fue la manifestación de nuestro sentimiento diario con la historia de aquellos años; de los más recientes y de los más lejanos, de sus aciertos y de sus errores y, sobre todo, de nuestra decidida participación en los aciertos o en los errores del, entonces, futuro de esta España que, aun hoy, sigue sin gustarnos del todo.

Tras el abrazo al patrón se nos concedió, según la Bula de Alejandro III, refrendada por los Papas Eugenio III y Anastasio IV, el Jubileo Compostelano. Fue la primera vez que -previo pago realizado por la Organización- vi como funcionaba aquello del Botafumeiro. Después vino lo de la foto de rigor de todos los asistentes llenando la Plaza de Platerías.

Para la preparación de la marcha-peregrinación hice antes el Camino en un coche alquilado. Recorrí uno a uno los kilómetros a caminar -casi todos por carretera, entonces, y ¡tan peligrosos!- y los puntos de salida y llegada buscando una solución a toda la logística de una marcha de esas características. Pronto llegue a la conclusión de que a pesar de todo el apoyo oficialista que nuestra Organización se suponía que tendría, debería buscarme la vida y valerme por propios medios.

Un camión para transporte de los distintos enseres: duchas, cocinas, equipo electrógeno, lonas para carpas portátiles, tiendas de campaña, menaje, mantas, botiquín, viandas y otros utensilios. Un coche para el médico y para el administrador que se encargaba de las compras y una moto que hacia de enlace a lo largo de todo el recorrido, fueron el grueso de la logística.

Para dirigir aquel tinglado iba un encargado de montaje con dos ayudantes -más los conductores de los vehículos- un cocinero, un intendente y dos pinches. La parte humana de la Marcha-peregrinación iba guiada por tres dirigentes juveniles en representación de cada una de las provincias participantes.

Completando todo aquel entramado humano: un sacerdote. Uno de aquellos curas adelantados sin sotana, un cura bailón a los que les encantaba mirar de reojo a las chavalas de la marcha, en fin un buen hombre que -fuera de coñas- nos ayudo mucho en encontrar la parte espiritual de todo aquel asunto.

Aquel año, la Delegación Nacional de la Juventud, ante una presumible avalancha de peregrinos, ensayó un nuevo sistema de alojamientos -alternativo a la escasa red de albergues de peregrinos- montando unas bases de acampada que publicitó bajo el nombre de "Operación Arco Iris". Nosotros utilizamos la situada en Arca-El Pino porque, debido a la intensa lluvia caída, no nos merecía la pena montar nuestra infraestructura antes de iniciar la última etapa.

Precisamente en la “Operación Arco Iris” -debido a mi trabajo en la Delegación de la Juventud de Logroño- hube de participar en la preparación de la Base de Acampada que se organizó en el entorno de las Instalaciones recreativas "Javier Adarraga", dependientes de esa Delegación, y que sirvió a nuestra Marcha-Peregrinación de lugar de concentración para la partida.

El interés de la Peregrinación a Santiago -al menos así lo era entonces- decaía al finalizar el Año Santo y no volvía a renacer hasta el próximo. Eso de hacer el Camino masivamente y fuera del Año Santo, creo que es una costumbre reciente y que, más bien, es fruto de la promoción turística del itinerario.

De 1976 a 1982 -es decir, de un Año Santo al siguiente- pasaron muchas cosas. España vivió una enorme trasformación: murió Franco, vivimos la Transición, vino la democracia, llegaron las autonomías... y una vez mas, llegó el interés por la Peregrinación a Santiago.

En Marzo de 1977, las estructuras de las Delegaciones Provinciales de Juventud pasaron a formar parte del Ministerio de Cultura; yo quede encuadrado en la estructura provincial del Instituto de la Juventud, dependiente del propio Ministerio. En Enero de 1982, casi toda la estructura del Ministerio de Cultura fue trasferida a las Comunidades Autónomas y yo pase a formar parte de la Dirección General de Juventud y Deportes, en la Consejería de Cultura de esta Comunidad.

Ya en 1976, la Organización Juvenil Española había conseguido la autonomía funcional de la Delegación Nacional de la Juventud, pero a partir de 1977 fue una Organización totalmente independiente. Yo, fui oficialmente separado de mi puesto al cargo de esa organización, para incardinarme en la estructura del Ministerio de Cultura, pero continué privadamente como dirigente de la misma -en el ámbito provincial de La Rioja- hasta 1982 y, en ese período, tuve ocasión de participar en el relanzamiento de la Escuela Nacional de Aire Libre de esa Organización.

Acompañando a un viejo amigo de Zaragoza, estuve co-dirigiendo los cursos nacionales de especialistas y guías de Aire Libre de la Organización Juvenil Española durante tres años consecutivos: La Sierra de Cameros en 1979, La Serranía de Cuenca en 1980 y los Montes de Pardominos -en la provincia de León- en 1981, fueron los escenarios naturales elegidos. Teníamos una meta fijada a nuestro trabajo: La Marcha-Peregrinación por el Camino de Santiago en el Año Santo de 1982, con la que finalizaríamos nuestro ciclo, a fin de dar paso a otras personas.

Para mí era más que una meta, una fijación. Además, no había que olvidarse que el siguiente Año Santo no sería hasta 1993, es decir 11 años más tarde y ¡vete tú a saber donde estaríamos entonces!

En las Navidades de 1981 escribí una carta a los más de 250 especialistas de aire libre que habían salido de nuestras tres promociones felicitándolos por el nuevo año y alentándolos a la nueva aventura: ¡Ultreia! ¡Esuseia! Ea, Adelante el nuevo año que comienza nos trae la promesa hecha... Santiago'82. ¡Got Santiagu! ¡Herru Santiagu!. Buen Santiago, Señor Santiago, que agradable será llegar cuando se hace con el fervor que nosotros tenemos.

Bueno, pues una vez más todo se quedó en aguas de borrajas. Después de más de veinte años -en el caso de mi compañero- y los trece que yo cumplía al servicio de esa Organización, va y tenemos un desencuentro con algunos de los dirigentes nacionales y nos retiraron de la dirección de la Marcha-Peregrinación a Santiago, que, si te digo la verdad, no se si llegó a realizarse, tan siquiera en esa ocasión.

Si que volvió a ser Galicia el punto de encuentro de las actividades nacionales -no perdiendo la costumbre de celebrar de alguna manera el Año Santo- y recuerdo que, en un viaje relámpago, me presenté en la Isla de Arosa para participar en los actos del Encuentro Nacional de aquel año. Relámpago, digo, porque el viaje de ida y vuelta lo hice en apenas 24 horas.

En 1984 el Consejero de Cultura me llama a su despacho para decirme que han reparado en mi titulo profesional de turismo y que seria muy conveniente mi colaboración en la estructura de la Dirección General de Turismo."Haz lo que creas conveniente pero, aquí, no hay mucho futuro para ti", me vino a decir, resumido en pocas palabras. Ya en 1977 el primer Director de Cultura me había llamado a su despacho para explicarme "el poco futuro que tendría en mi nueva etapa de funcionario si seguía empeñado en no abandonar mi colaboración con la Organización Juvenil Española".

Total que, como ves, querido compañero eso de la "depuración" no es patrimonio de las derechas, ni de las izquierdas, tal como nos han tratado de vender todos muchas veces. La depuración, se hizo en la Primera República -aún antes con el Gobierno Provisional de Serrano- y en la Segunda -que yo lo tengo visto en los papeles de nuestro Instituto- y luego la hizo el Movimiento Nacional, la hizo la UCD, la continuó el PSOE y algún día te hablaré de la de los chicos del PP.

Como te digo, a raíz de la conversación con el Consejero de Cultura, decidí pasarme a la Dirección General de Turismo y reencontrarme con mi aparcada profesión colaborando, así, con la la puesta en marcha de un nuevo equipo de Promoción Turística para la Rioja.

Lo primero fue nuestra participación en "Europalia" que era una celebración de la reciente incorporación de España en la Comunidad Económica Europea.

Si bien el grueso de las celebraciones fueron diversos actos organizados por el Estado Español en distintas ciudades Belgas -entre ellos una magnifica exposición sobre el Camino de Santiago instalada en la ciudad de Brujas- las recientes Comunidades Autónomas tuvimos nuestro particular lucimiento en la ciudad de Amberes donde, durante más de un mes, se desarrollaron distintas manifestaciones representativas de las diferentes Comunidades.

En la bodega de uno de los barcos de la "Transmediterranea"-anclado en el corazón de la ciudad, en la desembocadura del río Escalda- tuvo lugar una exposición permanente de las Comunidades allí presentes. El Vino, el Castellano y el Camino de Santiago, fueron los principales reclamos del stand representativo de La Rioja.

Una degustación popular de productos riojanos en la Casa de España en Amberes, una actuación del Quinteto Mozart en los salones del barco, una comida riojana con distintos representantes de distintos sectores sociales de la ciudad -servida en el propio barco por el afamado cocinero Lorenzo Cañas- y una actuación de los grupos de danzas de La Rioja, en los muelles del puerto, fueron el grueso de los actos conmemorativos del Día de La Rioja en aquel evento.

Los mismos reclamos turísticos exhibidos en Amberes, fueron durante un tiempo el grueso de la representación riojana en las ferias de Fitur -en Madrid- de "Expovacaciones" -en Bilbao- y en la de Barcelona -que ahora no recuerdo su nombre-.

La descentralización de competencias del Estado a las distintas Comunidades Autónomas trajo, al principio, distintos desajustes entre las diferentes administraciones.

El Camino de Santiago, que dormía entonces el sueño más largo entre Año Santo y Año Santo- sufría ese desajuste al ser tratado de forma diferente por Comunidades como Galicia, Castilla y León, La Rioja y Navarra -por las que transcurre el Camino Francés- otras comunidades como el País Vasco, Cantabria y Asturias -por las que va el Camino del Norte- la propia Sociedad Estatal de Turismo -que tenía reservada la competencia de la promoción del Turismo Nacional en el extranjero-, los Ministerios de Cultura y de Obras Públicas -de quienes dependían la mayor parte de los recursos turístico-monumentales y las obras de infraestructura- e, incluso, otras comunidades como Extremadura o Aragón que llegaron a plantearse, entonces, el Camino como parte de sus recursos Turísticos.

Por primera vez se convocaron unas jornadas para la armonización de las diferentes políticas a realizar por el conjunto de las administraciones a las que parecía corresponder la gestión del recurso turístico denominado: Camino de Santiago. Así, tuve ocasión de vivir en los salones del Parador Nacional de Santo Domingo de la Calzada -elegido adrede por ser el viejo Hospital de Peregrinos- los primeros debates entre unas y otras administraciones para conseguir la unificación del producto.

Por primera vez se habló del andador -fue una propuesta salida de nuestro grupo de trabajo- como una forma de eliminar el peligro que suponía la identificación de la carretera y el Camino y cuya fatal coincidencia había dejado, en fechas no muy lejanas -una vez más- un peregrino fallecido en nuestras tierras.

Oí hablar -por primera vez en esas reuniones- de una señalización común a toda la ruta. De ahí salieron la actual vieira como "flecha" y los colores identificativos del Camino: el azul y el amarillo.

Surgió la idea de la explotación común de la marca en las distintas Ferias Turísticas, la necesaria reforma y adecuación de muchos monumentos de la ruta, la mejora de las carreteras, la necesidad de la creación de una extensa red de albergues, la necesidad de una red de información y la necesidad de una publicidad común.

Yo se, porque así me tocó vivirlo, que desde las Asociaciones del Camino de Santiago -la de La Rioja, entre ellas-, no se veía con buenos ojos la identificación de los términos "peregrino" y "turista".

Yo que ya era peregrino- entonces- y a la vez me consideraba alentador del recurso turístico no podía compartir aquella estrechez de miras. De hecho, la realidad del Camino de hoy lo es en gran parte por el aliento turístico dado por todas y cada una de las administraciones y de las partes implicadas.

Como resultado de todos aquellos acuerdos, entre las diferentes administraciones públicas, esta Comunidad se subió al carro de la promoción del recurso turístico común: Camino de Santiago y toda nuestra presencia en las distintas acciones promocionales contó con un apartado importante para ese recurso.

Nuestra presencia -la de la Comunidad de La Rioja- en las ferias turísticas internacionales como la "S.M.T.V" de París, "Vakantie" de Utrecht, la "B.T.F". de Bruselas o la "W.T.M." de Londres - a las que asistí personalmente- me dieron la ocasión de contactar con distintas asociaciones del Camino de Santiago de esos países que estaban encantadas con la promoción que se hacia de la ruta turístico-religiosa.

Esta amplia promoción obligó a la creación de un Plan de Publicaciones Turísticas de la Rioja en el que el Camino tuvo un destacado lugar en cada una de sus piezas: Un sitio en el apartado de Rutas Turísticas, un sitio en el apartado de Patrimonio Artístico, un sitio en el capitulo de Fiestas y Tradiciones, un sitio en el los apartados de Gastronomía y Artesanía, su sitio en el nuevo Plano Turístico de la Comunidad y hasta tuvo su propia pieza promocional con un folleto dedicado en exclusiva. Fuí el coordinador de aquel nuevo Plan de Publicaciones Turísticas.

Aunque otros recursos se iban abriendo hueco en la promoción de la Rioja: La estación de esquí, la ruta de los Dinosaurios, o las casas rurales, lo cierto es que el Castellano, el Vino y el Camino han sido -y creo que seguirán siéndolo- los principales reclamos de esta tierra, tu tierra.

Volví a la Dirección General de Juventud, cinco años más tarde, cuando estaba iniciándose la creación de la Red de Albergues Juveniles de La Rioja, tarea en la que me toco participar activamente y cuando apenas faltaban un par de años para el nuevo Año Santo de 1993.

La casualidad hizo que mi despacho se colocara junto a otro en el que -como en lata de sardinas- unos cuantos jóvenes se afanaban en sacar adelante la realidad de un programa subvencionado por la -entonces- Comunidad Económica Europea denominado "Petra" y que tenía como principal objetivo la recuperación del trazado del Camino de Santiago, la realización de una amplia base de datos sobre el mismo y recopilación de una extensa biblioteca temática. Bueno esto y algo más sobre otros temas que no vienen al caso.

La casualidad fue aún mayor pues uno de sus coordinadores era un viejo conocido de la Organización Juvenil de Madrid y ello me permitió tener un contacto más directo con todos y cada uno de los elementos en los que venían trabajando.

Cuando aquel programa finalizo -sino recuerdo mal en 1991- el legado de su extensa obra quedo allí sin herederos reconocidos. En un armario situado en mi despacho se agolpaban cerca de 200 publicaciones diferentes -debidamente catalogadas- referidas todas al Camino de Santiago. En otro armario de un pasillo contiguo: Planos topográficos de las diferentes etapas del camino a su paso por la Rioja, fichas sobre peregrinos desde el siglo X al XV -mas de doscientas- fichas sobre itinerarios y guías -con detalle de la Nieder Strasse desde Bruxelas y Aquisgran, la Obere Strase desde Berna, el Camino litoral francés desde Inglaterra, la ruta de Oviedo a Santiago, incluso detalle de la calzada romana desde Tricio a Leiva y Briviesca- fichas sobre hospitales -con detalle de los conocidos en Francia, en el País Vasco, en Aragón, en Navarra, en Castilla, en Galicia, en Cantabria o en Asturias- y un amplio y extensísimo fichero con noticias sobre todos los hitos monumentales conocidos en el Camino a su paso por La Rioja.

Alguna vez he tratado de recuperar para nuestra Biblioteca tan magnifico trabajo, pero no he llegado a conseguirlo.

Hasta la Dirección General de la Juventud llegaron, entonces, distintos ofrecimientos para poner en marcha algunos albergues de peregrinos. El de Navarrete fue uno de los exponentes mas claros. Llegamos a hacer las primeras reformas pero no llegamos a inaugurarlo dentro de nuestra red.

Supongo que se vio clara la diferente finalidad entre la red de Albergues Juveniles -la cual me tocaba poner en marcha en mi nuevo trabajo- y la red de albergues de peregrinos y pronto dejaron de proponernos ese tipo de acciones, que solían caer en el presupuesto de la Dirección General de Cultura.

Recientemente, me he topado con el Camino de Santiago el pasado verano. Dispongo de una casa familiar en un pueblo cercano a Benavente y ¡mira tu por donde! un miembro activo de la Asociación de Amigos del Camino de la Ruta de la Plata resulta ser un familiar más o menos lejano y está comprometiendo al Ayuntamiento de este pueblo -Pobladura del Valle- para la construcción de un Albergue de Peregrinos que -en un principio- puede llegar a situarse colindante con nuestra vivienda.

Yo de la Ruta de la Plata no te he dicho nada pero, desde pequeño -precisamente para visitar a la familia de mi padre- he realizado multitud de veces el viaje en tren de León a Astorga para enlazar allí dirección a Benavente. No solamente eso sino que he podido vivir los primeros trayectos del TAF (Tren Articulado Ferrobús) "Ruta del Plata" que partiendo de Gijón unía León con Astorga, Zamora y Salamanca, Extremadura y Sevilla.

Mi último servicio al Camino de Santiago lo hice cuando -con los presupuestos de la Dirección General de la Juventud- hice el trámite para la adquisición de veinte tiendas de campaña -tipo canadiense para 4/5 plazas- que se suponía iban a ser utilizadas por la marcha-peregrinación a Santiago que la propia Dirección General convocó para el verano de 1992.

Aunque me hubiera podido "trabajar" de alguna manera la participación en la marcha-peregrinación que la misma Dirección General preveía para la celebración del Año Santo
de 1993 lo cierto es que tampoco pudo ser. Me salió la posibilidad de recuperar la plaza de Educación -que tenía en litigio desde hacia más de 15 años- y en septiembre de 1992 solicite la excedencia en la Comunidad para pasar a ocupar la plaza que ahora ocupo.

Te he relatado mi último servicio al Camino pero no mi ultimo contacto serio con el mismo; fue cuando cayó en mis manos la convocatoria del XI Premio de Narración breve "De buena Fuente", convocado por el Ayuntamiento de Logroño, en cuyas bases venia a decirse que el tema obligado de esta ocasión era "El Camino de Santiago a su paso por Logroño"

No sé si te puedes imaginar las ganas que me entraron de enterrar todas mis anteriores frustraciones con el simple hecho de imaginarme como ganador de aquella convocatoria. Ya tenía algo escrito al respecto y el problema fue que -para cumplir estrictamente con las bases- tenía que resumir a ocho folios casi 20 que tenía ya redactados. Total que no veas los días que pase cortando aquí y allá y convirtiendo todo lo escrito a otro tamaño de letra, a otro tipo más condensado... hasta conseguir los 8 folios exactos.

Se trataba de hacer un relato corto y he de reconocer que a mi de salida, ya me salía largo. No llegué a estar ni entre los nominados, pero no veas lo que estuve esperando el fallo del jurado para ¡por si acaso!. Era -y es porque no la he tirado a la basura- una pequeña historia, tipo de esos cuentos que a ti te gustan tanto titulada:
"En la Via Augusta. Un lugar para el encuentro" y me presenté bajo el lema de "Alcanadre"" . ¡Que pena que no formases parte del jurado!

En fin; el Bordón, la concha, la calabaza -junto al diploma de participación que tengo enmarcado- de la marcha de 1976, ocupan hoy un lugar en un rincón de mi casa esperando que, alguna vez, yo mismo o alguien de mi entorno, los saque a pasear por esas etapas de la
Ruta jacobea.

No se si esto te servirá para algo, a mi me ha servido como para ordenar un poco todas las vivencias que tenía tocantes a tu vocación tardía; lo que no tengo tan claro es que te refirieras a esto en tu postrer ofrecimiento pero: ¡esto es lo que hay, amigo peregrino!

Sinceramente, de tu compañero


                                          Fernando Ramón Blanco Martín


Algunas historias al aire del Camino de Santiago .

 

¿Quieres mandarnos tu propia historia?

 

 

 

 

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